Categoría: Educación

  • UNA MIRADA AL BOSQUE DE LA CONVIVENCIA

    UNA MIRADA AL BOSQUE DE LA CONVIVENCIA

    Suele haber unanimidad sobre la necesidad de la convivencia para la tarea que se lleva a cabo en los centros educativos. Las diferencias surgen cuando se trata de concretar qué es la convivencia y cómo debe trabajarse en el día a día.

    Así, para muchos la convivencia es una condición necesaria para llevar a cabo la tarea más importante del centro, la transmisión de los conocimientos al alumnado. La convivencia tiene, por tanto, un valor instrumental, sirve para otra tarea más importante, y se centra en las condiciones que deben darse para ello. Se considera sinónimo de disciplina y su objetivo es el control del alumnado para que no interfiera en la tarea fundamental. Se basa en el establecimiento de normas claras, acompañadas de las sanciones que deben imponerse por su incumplimiento. Su ideal es un centro en el que no haya apenas conflictos, resolviendo rápidamente estos cuando aparecen, sin profundizar ni analizar las razones de los mismos. Puede hablarse de un planteamiento reactivo, ya que reacciona y actúa cuando hay situaciones que rompen la normalidad.

    Sin embargo, otras muchas personas pensamos que la convivencia debe tener un enfoque proactivo, que debe tener un contenido positivo enfocado a la construcción de buenas relaciones, a adquirir las competencias necesarias y a desarrollar la autonomía de todos y cada uno de los alumnos/as. Lo importante es la comunidad y ésta se construye desde la inclusión y la participación de todos sus miembros. Podemos definir así la convivencia positiva como “algo que se construye día con el establecimiento de unas relaciones consigo mismo, con las demás personas y con el entorno, fundamentadas en el cuidado mutuo, la dignidad humana, la paz positiva y los derechos humanos”.

    Centrándonos sobre todo en el alumnado, el trabajo de la convivencia positiva se concreta en tres grandes ámbitos de actuación. En primer lugar, trabajar el bienestar socioemocional, que puede definirse como la experiencia subjetiva de sentirse bien, un estado que desarrolla las capacidades y habilidades para hacer frente a los retos de la vida, que exige e implica una madurez emocional y saber relacionarse de manera positiva, creando un entorno seguro y saludable para poder vivir. El bienestar socioemocional es resultado fundamental de la elaboración de un proyecto de vida que lleve al alumnado a vivir conforme a sus propios valores y a ser agente de su propia vida.

    Dos son los elementos básicos del bienestar socioemocional: la adquisición y el trabajo de las competencias socioemocionales y poner en el centro de toda la acción educativa el cuidado del alumnado. Es necesario que todos los centros incluyan en su plan de trabajo la educación socioemocional adaptada a la edad y características de su alumnado, para trabajarla como elemento transversal en toda su acción educativa.

    A su vez, el cuidado conlleva procurar activa y conscientemente el bienestar propio y el de las demás personas de la comunidad educativa sin excepción, atendiendo sus necesidades y trabajando las habilidades y valores que hacen posible este bienestar. El cuidado exige poner siempre a la persona en el centro de su atención, trabajando por su crecimiento no sólo en el aprendizaje curricular, sino en todos los aspectos de la persona y, a la vez, en la construcción de una sociedad y un entorno más justos y humanizados.

    El segundo ámbito de actuación nos lleva a impulsar una cultura de paz en el centro; algo que, teniendo en cuenta lo que está sucediendo a nivel mundial, resulta imprescindible y prioritario. La paz no es lo contrario de la guerra, sino de la violencia y ésta no se reduce sólo a la violencia directa, la visible; implica también la violencia estructural, presente en el sistema y el funcionamiento de la sociedad, así como a la violencia simbólico-cultural que la justifica. Es necesario rechazar toda forma de violencia, renunciando a ella como método para la resolución de conflictos y trabajando siempre como agentes activos de paz.

    Aprender a gestionar los conflictos es uno de los aprendizajes básicos de todo alumno/a, desde una perspectiva restaurativa que los analiza como expresión de necesidades no cubiertas, valorando el impacto que tienen en las relaciones y buscando la reparación del daño como finalidad última de su regulación. La cultura de paz implica el trabajo de valores como el respeto, el diálogo, la solidaridad, la cooperación, la empatía y la aceptación de las diferencias; e implica igualmente rechazar valores como el odio, la idea de enemigo, el miedo, los fundamentalismos o el modelo dominio-sumisión como organizador de las relaciones.

    El tercer ámbito nos lleva a la promoción de la convivencia positiva, desarrollando un centro inclusivo y participativo, en el que el buentrato sea expresión de relaciones empáticas y basadas en el respeto, cuidando los espacios físicos, la comunicación, el autocuidado y las relaciones positivas, y creando un entorno verdaderamente seguro y protector en el que la violencia no pueda aparecer.

    El trabajo de la convivencia positiva se concreta en una serie de medidas imprescindibles: la creación de un centro seguro para todo el alumnado, el establecimiento de normas inclusivas y participativas, el plan de éxito escolar, una nueva forma de gestión del aula, el trabajo de la inteligencia interpersonal y la apertura al entorno, entre otras medidas.